Disenar el muro fronterizo?

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Portada de las bases del concurso.
Image via Building the Border Wall

[The Architect’s Newspaper previously published a version of this article in English. Click here to read.]

Archdaily.com anunció recientemente, en nombre de la Fundacion ThirdMind.com, un concurso llamado “Construyendo el muro fronterizo”. Quizá como respuesta a la emergencia de la crítica sobre las implicaciones éticas de dicha convocatoria, el sitio web agregó más tarde un signo de interrogación al título, cambiándolo a: "¿Construyendo el muro fronterizo?" A partir del anunciamiento del concurso, se han realizado una serie de ediciones al sitio web del mismo, como lo nota archdaily.com, creando controversia sobre la claridad de su agenda política, la posición de los organizadores y sobre todo, las inherentes implicaciones morales. Lo que genera más dudas es la insistencia de los organizadores en definirse “políticamente neutrales” sobre el asunto, y su deseo de permanecer anónimos.

El muro separando MÉxico y EE.UU. sobre de la carretera 2, visto desde el lado Mexicano.
Wonderlane via BTBW

La principal pregunta que el concurso genera: ¿es buena idea participar en un concurso para el diseño del muro que recorre la frontera entre México y Estados Unidos? La competencia repite las proclamaciones del candidato a la presidencia de E.U.A. Donald Trump, o tal vez haya sido provocado por las mismas, el cual afirma que de ser electo comenzará la construcción de un muro a lo largo de la frontera. Mientras la declaración parece emocionar a su público como si “finalmente” alguien fuese a construir un muro, su afirmación ejemplifica la ignorancia de las realidades que se viven en la frontera donde aproximadamente 700 millas de muros sencillos, dobles y triples muros, ya han sido construidos. Aproximadamente un tercio de las 1954 millas que constituyen la frontera entre México y Estados Unidos ya han sido amuralladas.

Históricamente, han existido distintas aproximaciones al significado de la colaboración de arquitectos en la construcción de muros. En su mayoría, diseñadores y arquitectos se han mantenido fuera de este asunto. En 2006, el New York Times hizo un llamado a 13 reconocidos arquitectos para diseñar el muro fronterizo. El arquitecto Ricardo Scofidio comentó: “Es tonto diseñar un acertijo. Sería mejor dejarlo para encargados de seguridad o ingenieros.” Diller Scofidio + Renfro y muchos otros arquitectos declinaron la propuesta puesto que les pareció un asunto meramente político, situación evitada por muchos arquitectos.

Izquierda: Un niÑo escala el muro fronterizo cerca de Brownsville, Texas. Derecha: Dos Hombres escalan el muro fronterizo cerca de Douglas, Arizona.
(Wikimedia Commons; Matthew Tyson via BTBW)

Aunque numerosas propuestas resultaron superficiales y algunas veces ofensivas (Antoine Predock sugirió una plataforma caliente de 300 pies de ancho, enterrada sobre el suelo desértico para disuadir el cruce y un enorme muro de tierra comprimida que sería construido por mexicanos jornaleros trabajando bajo el sol) algunas propuestas sí se acercaron a la reconocimiento de las oportunidades que el muro existente podría generar para el diseño. En su estado actual, el muro disecciona espacios ricos en cultura y naturaleza. Es por eso que quizá el diseño ofrezca el potencial para que el muro sea transformado en una variedad de interpretaciones y aplicaciones, idealmente en aquellas que beneficien a los residentes de espacios fronterizos.

La realidad es que el muro que divide México y los E.U.A, en su manifestación actual, ha creado un territorio de paradoja, horror y transformación en una escala enorme. El muro divide ríos, granjas, hogares, tierras nativas americanas, espacios públicos, sitios culturales, reservas naturales, rutas migratorias y un campus universitario. Los costos de construcción y mantenimiento que se propusieron en 2006 dentro del US. Secure Fence Act, se estiman sobre los $49 billones de dólares durante los próximos 25 años. Y a pesar de que estadísticas recientes muestran una disminución del 50 por ciento en el número de personas encontradas entrando ilegalmente en los Estados Unidos desde México en los últimos años, organizaciones de derechos humanos resaltan que el número de muertes está en su punto más alto desde 2006, y que desde 1994 alrededor de 6000 personas han muerto tratando de cruzar la frontera.

Derecha: Tijuana; Izquierda: San Diego
Gordon Hyde via BTBW
 

Noam Chomsky manifesto: “la frontera entre los Estados Unidos de América y México, como todas las fronteras, fue establecida por la violencia– su arquitectura es la arquitectura de la violencia.” Ha sido sugerido por muchos miembros de la disciplina que los arquitectos deberían hacer énfasis en su negativa a participar en una arquitectura promotora de la violencia. En 2013 por ejemplo, Michael Sorkin escribió un ensayo para The Nation convocando a los arquitectos a renunciar a la participación en el diseño de las prisiones por distintas razones:

Disgusto con el entusiasmo corrupto y la extravagancia de nuestro creciente complejo industrial carcelario”, objeciones ante nuestras exageradas cifras de encarcelamientos, nuestras crueles y draconianas prácticas sentenciadoras y el salvajemente desproporcionado aprisionamiento de minorías. El diseño de espacios de confinamiento y disciplina es contrario a lo que muchos arquitectos imaginan como su vocación: la creación de ambientes confortables, humanos e incluso liberadores.

Los paralelos entre las prisiones y el ‘complejo fronterizo industrial” son fáciles de imaginar, pero ¿puede el diseño de un muro crear ambientes humanos o liberadores? El arquitecto Lebbeus Woods ofreció una aproximación distinta con este objetivo. En su proyecto “El juego del muro”, Woods concluye que la única manera de abordar una arquitectura de la violencia, y en este caso la barrera israelí, es diseñar una forma de desmantelarla mediante un complejo sistema de reglas que promueven que arquitectos y constructores en ambos lados intenten generar una serie de construcciones sobre el muro, que eventualmente forzarían un desequilibrio y teóricamente el derrumbamiento del muro.

Por lo tanto, ¿qué deberían hacer los arquitectos sobre la problemática del muro fronterizo? ¿Deberían ignorar el asunto de manera conjunta o protestar activamente en su rechazo a participar? ¿Deberían crear estrategias que permitan diseñar maneras de desmantelar el muro existente o repensar el potencial del muro existente para corregir problemas con el mismo?

¿Deberían tomar el reto de diseñar muros nuevos?

Quizás ignorar totalmente el asunto y diseñar nuevos muros son las estrategias más polemicas. El diseño y construcción de muros continuará sin lugar a dudas, pero ¿debería continuar sin arquitectos? ¿Es que el rechazo a la participación en el diseño del muro hace a los arquitectos igualmente cómplices que los participantes en sus consecuencias horríficas? Ahora que somos conscientes de los costos en impuestos y en vidas humanas es urgente profundizar en estas preguntas. Repensar los muros existentes, y los muros por venir, como una arquitectura distinta a aquella que exacerba la violencia que institucionalizó su presencia y transformar el muro en una infraestructura que pueda funcionar de otras formas, es más necesario hoy que nunca. En sus formas actuales, refleja la inflexibilidad de la vieja concepción del muro como medida de seguridad. En su lugar, podría ser reimaginado como una infraestructura productive que contribuya positivamente a un ecosistema fronterizo, rompiendo el ciclo de violencia en el que se originó. Unir el muro con una infraestructura viable destinada a energías renovables, agua, e infraestructura social es un buen ejemplo: podría ser otro camino hacia la seguridad y bienestar de las comunidades fronterizas y de las naciones tras ellas.

La frontera MÉxico EE. UU. serca de El Paso, Texas.
The Office of Representative Phil Gingrey via BTBW

De acuerdo con la Comisión de Salud Fronteriza México Estados Unidos? tres de los diez condados más pobres en los Estados Unidos están localizados en el área fronteriza, y dos de las diez áreas con mayor rapidez en su crecimiento, Laredo y McAllen, están situadas en la frontera entre Texas y México. Debido a la rapida industrialización, comunidades en el lado mexicano de la frontera tienen menor acceso que el resto de la nación a servicios básicos sanitarios y agua.

Un compromiso a realizar mejoras sociales y multifuncionales: agua, energía solar y medio ambiente, con el muro como vehículo de dichos servicios, justificaría una porción de la vasta inversión que los pagadores de impuestos realizan en dólares. En lugar de un futuro scenario en el que los muros son desmantelados en el nombre de la libertad y la democracia, los muros diseñados en respuesta a la tan necesitada inversión en las áreas de mayor pobreza y crecimiento de los Estados Unidos podrían ser los medios en los cuales posibilidades postmuro podrían ser insertadas.

Es tiempo de advocar por una reconsideración del muro, a pesar de que Trump sea electo o no. Y en lugar de un embargo a México, el cual f orzaría a México a construir el muro según la creencia de Trump, debemos detener el embargo al diseño multifuncional en la frontera. Advocar por la reconsideración del muro fronterizo no significa aprobar la construcción de más muros, ni es una mejor razón para los constructores de los mismos. Si el diseño, si la arquitectura, puede colarse en la creación y reimaginación del borde fronterizo ahora, colocará condiciones importantes en el futuro de paisajes, culturas y bioe cologías q ue ahora son divididas.

Otra estrategia para ser considerada por arquitectos que se comprometan con el asunto: si les resulta atractivo el derrumbe de este muro, como otros lo han demandado, lo que tome su lugar en el futuro debe ser diseñado ahora mismo.

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